- La fruta a partir de las 6 de la tarde es el demonio
La fruta no cambia su composición nutricional a partir de una hora del día. Sus vitaminas y su fibra siguen siendo beneficiosas la tomemos cuando la tomemos. Ahora bien, no debes tomar 4, 5 ó 6 piezas de fruta a la hora de la cena, al igual que no debes tomarte esa cantidad de brócolis o de lomos de salmón por ejemplo. Tomarla como acompañamiento de una cena equilibrada y nutritiva es maravilloso. Lo importante es incluirla sin desplazar otros macronutrientes como pueden ser las proteínas u otros tipos de carbohidratos integrales.
- El cerebro se alimenta de azúcar
El cerebro se alimenta de glucosa, sí, pero la glucosa la encontramos en muchos alimentos, no sólo en forma de azúcar refinada. Alimentos como los hidratos de carbono compuestos nos aportan esa glucosa que nuestro cerebro y nuestro cuerpo en general necesita para obtener energía. ¿Cuáles son estos alimentos? Frutas, pasta, arroz o panes integrales y legumbres por ejemplo.
- Desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo
Uno de los mitos que más seguimos escuchando. Partiendo de la base de que no es necesario realizar estas 3 ingestas de manera automática, tampoco lo es rebajar la cantidad conforme avanza el día. Habrá personas que por la mañana no tengan hambre y con un café tengan energía para rendir y otras que se levanten ya pensando en desayunar. Lo importante es que a lo largo del día no te falten todos los macronutrientes (hidratos, grasas y proteínas) y que ingieras las calorías que tu cuerpo necesita para funcionar correctamente. Según el contexto de cada persona, esto lo distribuirá en las diferentes ingestas del día, dependiendo de su trabajo, situación familiar, hambre,…… Cenar como un mendigo yo lo cambiaría a que es mejor que cenes al menos un par de horas antes de acostarte, y que no lo hagas de manera descontrolada, ya que tu digestión y tu descanso se verán alterados.
- Todos los procesados son malos
Hay que diferenciar entre «procesados» y «ultraprocesados». Un procesado sigue manteniendo la calidad del alimento en sí, son materias primas a las que se le añaden ingredientes para su fabricación, conservación y palatabilidad, pero su lista de ingredientes no es interminable. Por ejemplo: conservas de legumbres, quesos, gazpachos, latas de atún, yogur,… Son productos en los que sigues reconociendo el alimento principal.
En cambio, en los ultraprocesados, se añaden un listado de ingredientes que la mayoría no sabes ni leer ni identificar. Muchas veces, ni siquiera el alimento en sí aparece en el primer lugar de la lista de ingredientes. Son productos, no alimentos donde se prioriza la materia prima. Su contenido en grasas hidrogenadas, harinas refinadas, azúcares, saborizantes, colorantes y demás ingredientes los hacen hiperpalatables y sin ninguna calidad nutricional. Ejemplo: snacks fritos, refrescos azucarados, postres lácteos, bollería, platos precocinados, salsas, ….
Ojo, no se trata de prohibir estos ultraprocesados, sino de dejar su consumo para ocasiones puntuales y no elegirlos como productos en nuestra alimentación diaria.
Lo difícil es aprender a distinguirlos, ya que la industria alimentaria no nos lo pone fácil. Nos los intentan colar con publicidad engañosa y llamativa para que los compres pensando incluso que son beneficiosos. De ahí la importancia de saber leer el etiquetado y no dejarnos engañar por la portada frontal del producto.
Desde No solo verde te ayudo con un Plan de educación nutricional a desterrar estos y muchos otros mitos alrededor de la nutrición. Además, podrás aprender a leer el etiquetado, a saber diferenciar entre un producto y un alimento y a cómo incluir los procesados en tu día a día para ahorrar tiempo y seguir llevando una alimentación equilibrada.